Asesinato del general Emiliano Zapata
De acuerdo con la misiva, Zapata había invitado a Guajardo a que se uniera al movimiento revolucionario. El coronel se mostró “dispuesto a colaborar al lado del Jefe, siempre que se le dieran garantías suficientes para él y sus soldados”.
El día en que lo asesinaron, Zapata tomó un camino distinto a sus tropas para dirigirse hacia Chinameca, porque existía el rumor de que el enemigo estaba cerca. Con la intención de entregar en persona cinco mil cartuchos a Guajardo, el general suriano llegó a la hacienda donde supuestamente aquél lo recibiría para acordar las estrategias militares pertinentes.
Zapata se dirigió a la entrada. La guardia estaba formada. El clarín tocó tres veces “llamada de honor” y, al apagarse la última nota, cuando el jefe atravesaba el dintel de la puerta, a quemarropa los soldados, que presentaban armas, descargaron dos veces sus fusiles. El general Emiliano Zapata cayó muerto al igual que su asistente Agustín Cortés y Palacios.
Guajardo fue premiado por Carranza con la cantidad de $50,000.00 y su ascenso a general brigadier, al igual que todos los jefes y oficiales que tomaron parte de este crimen y que fueron ascendidos al cargo inmediato¹.
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